Messi y Argentina vuelven a jugar una final emocional este sábado en Kansas City. La campeona del mundo enfrentará a Suiza por un lugar en las semifinales del Mundial 2026, con la ilusión de seguir defendiendo el título y de garantizarle a su capitán al menos dos partidos más en una Copa del Mundo.
La Albiceleste llega viva, pero golpeada por las dudas. Superó dos eliminatorias que parecían accesibles ante Cabo Verde y Egipto, aunque lo hizo con más corazón que claridad futbolística. El equipo de Lionel Scaloni mostró resiliencia, pero también grietas que no habían aparecido con tanta fuerza en la fase de grupos.
Contra Egipto, Argentina estuvo al borde de la eliminación. Perdía 0-2, Messi falló un penalti y el partido parecía encaminarse hacia una despedida histórica. Pero aparecieron Cristian “Cuti” Romero, el propio Messi y Enzo Fernández para firmar una remontada agónica que mantuvo vivo el sueño del bicampeonato.
El problema para Scaloni es que el ataque sigue dependiendo demasiado de Messi. El capitán suma ocho goles en cinco partidos y lidera la carrera por la Bota de Oro junto a Kylian Mbappé. Detrás de él, las respuestas ofensivas han sido irregulares. Lautaro Martínez apenas ha marcado un gol, de penalti, y Julián Álvarez todavía no se ha estrenado en el torneo.
Por eso, ante Suiza podría regresar Lautaro al once titular después de revitalizar al equipo con su ingreso ante Egipto. También aparecen como opciones Gonzalo Montiel y Nico González, dos futbolistas que pueden aportar energía, recorrido y equilibrio en un partido que se anticipa físico y muy cerrado.
Argentina necesita algo más que emoción. Necesita recuperar control, presión coordinada y contundencia en el área. Si vuelve a conceder espacios o a depender únicamente de la inspiración de Messi, Suiza puede convertir el partido en una trampa.
El equipo de Murat Yakin llega con menos ruido, pero con mucha confianza. Eliminó a Colombia en penaltis después de un 0-0 intenso y alcanzó sus primeros cuartos de final desde 1954. Para los suizos, el duelo ante Argentina es una oportunidad histórica: superar una barrera que el país no pudo cruzar en 1930, 1934 ni 1954.
La gran duda helvética es Johan Manzambi, una de las revelaciones del torneo. Con apenas 20 años, suma tres goles y dos asistencias, pero arrastra un problema en la rodilla izquierda y no se ha entrenado con normalidad durante la semana. Su presencia parece complicada.
Si Manzambi no juega, Yakin podría apostar por Djibril Sow o Fabian Rieder como enlace. Esa ausencia modificaría el plan ofensivo de Suiza, pero no su identidad. Es un equipo ordenado, paciente, difícil de desarmar y con futbolistas capaces de manejar partidos largos.
Gregor Kobel, Manuel Akanji, Granit Xhaka, Ricardo Rodríguez, Rubén Vargas y Breel Embolo forman una estructura competitiva y experimentada. Suiza no necesita dominar para sentirse cómoda. Puede esperar, cerrar espacios y llevar al rival a una zona de ansiedad, justo el tipo de escenario que Argentina debe evitar.
El antecedente más reciente entre ambos en un Mundial favorece a la Albiceleste. En Brasil 2014, Argentina eliminó a Suiza en octavos con un gol de Ángel Di María en el minuto 118, tras una asistencia de Messi. Fue una noche sufrida, y esta nueva cita amenaza con tener un tono parecido.
Para Messi, el partido tiene un valor especial. Cada ronda puede ser la última en un Mundial. Francia ya avanzó a semifinales y Mbappé se aseguró dos partidos más, lo que también aprieta la carrera por la Bota de Oro y la tabla histórica de goleadores mundialistas. Messi suma 21 goles en Copas del Mundo; Mbappé ya llegó a 20.
Pero Argentina no puede jugar pensando solo en los récords del capitán. El objetivo real es sostener la defensa del título y acercarse a una hazaña que solo logró Brasil con Pelé: ganar dos Mundiales consecutivos. Para eso, la Scaloneta tendrá que demostrar que todavía tiene fútbol, no solo carácter.
Suiza llega con hambre de historia. Argentina llega con la presión del campeón. Y Messi llega con la sensación de que cada partido es una página final que todavía puede reescribirse.
En Kansas City, la campeona del mundo no solo juega por una semifinal. Juega por recuperar autoridad, por extender el viaje de Messi y por demostrar que sus remontadas no son síntomas de fragilidad, sino señales de un equipo que todavía sabe sobrevivir cuando el Mundial aprieta.