El dorsal 10 carga una mística especial en el fútbol. No es solo un número en la espalda. En los Mundiales, ha sido símbolo de talento, liderazgo y creatividad, al punto de dominar la historia del Balón de Oro que la FIFA entrega al mejor jugador del torneo.
Desde Argentina 1978, cuando comenzó a otorgarse oficialmente este reconocimiento, se han entregado doce Balones de Oro mundialistas. Siete de ellos fueron ganados por futbolistas que portaban la camiseta número 10.
La cifra habla por sí sola: el 58,3 % de estos premios terminó en manos de los llamados directores de orquesta del juego.
Kempes y Maradona, el origen de la leyenda
La historia comenzó con Mario Alberto Kempes en 1978. “El Matador” llevó la 10 de Argentina y fue la gran figura de una selección que conquistó su primera Copa del Mundo. Sus goles y su influencia ofensiva marcaron el inicio de una tradición que crecería con los años.
Ocho años después, en México 1986, Diego Armando Maradona elevó el número a otra dimensión.
Con la 10 en la espalda, Maradona firmó una de las actuaciones individuales más recordadas en la historia del torneo. Sus goles, su liderazgo y su control absoluto del juego convirtieron aquella Copa del Mundo en una obra personal. Desde entonces, llevar ese dorsal en un Mundial dejó de ser una simple elección.
El regreso del 10 en el siglo XXI
Después de dos décadas, otro 10 volvió a conquistar el Balón de Oro mundialista. Fue Zinedine Zidane en Alemania 2006.
El francés condujo a su selección hasta la final con elegancia, visión y jerarquía. Su torneo terminó marcado por el cabezazo a Marco Materazzi y la expulsión ante Italia, pero su fútbol durante aquella Copa fue suficiente para quedarse con el premio al mejor jugador.
En Sudáfrica 2010, el reconocimiento fue para Diego Forlán. El uruguayo rompió pronósticos con una actuación brillante que llevó a la Celeste hasta semifinales. Su pegada de media distancia y su liderazgo ofensivo hicieron de aquella campaña una de las más recordadas por Uruguay en la era moderna.
Messi, Modric y la consolidación del fenómeno
Lionel Messi ganó su primer Balón de Oro mundialista en Brasil 2014, cuando Argentina llegó a la final y cayó ante Alemania. Aunque la Copa se le escapó, su influencia en el camino argentino fue determinante.
Cuatro años más tarde, en Rusia 2018, el premio quedó en manos de Luka Modric. El croata, también con la 10, lideró una gesta histórica al llevar a Croacia hasta la final. Su control del ritmo, precisión y personalidad lo convirtieron en el rostro de aquel equipo.
La cima llegó en Catar 2022. Messi no solo levantó la Copa del Mundo con Argentina, sino que también ganó su segundo Balón de Oro mundialista. Con eso se convirtió en el único futbolista de la historia en conquistar dos veces ese premio.
Un número que exige grandeza
El dominio del dorsal 10 en el Balón de Oro mundialista no parece casualidad. Ese número suele estar reservado para jugadores capaces de crear, decidir y asumir el peso emocional de un equipo.
Son futbolistas que no solo anotan o asisten. También ordenan, inspiran y muchas veces definen el tono de una selección entera.
Kempes, Maradona, Zidane, Forlán, Messi y Modric representan estilos distintos, pero comparten una misma responsabilidad: jugar como si cada pelota pudiera cambiar la historia.
La expectativa hacia 2026
El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá abrirá una nueva oportunidad para que otro 10 herede esa dinastía.
El torneo tendrá 48 selecciones y una exigencia mayor. Habrá más partidos, más escenarios y más presión para las figuras llamadas a marcar diferencias.
En ese contexto, el dorsal 10 volverá a estar bajo la mirada de todos. No por nostalgia, sino porque la historia ya dejó claro que, en los Mundiales, ese número suele aparecer cuando el fútbol necesita un protagonista.
La camiseta no gana sola. Pero cuando la lleva el jugador correcto, puede convertirse en una señal de grandeza. Y en la Copa del Mundo, pocas señales pesan tanto como un 10 en la espalda.