La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en abril y alcanzó su nivel más alto desde mayo de 2023, impulsada por el encarecimiento de la energía y nuevas presiones sobre el bolsillo de los consumidores.
El Índice de Precios de Consumo, conocido como IPC, subió 0.6% en abril y 3.8% frente al mismo mes del año anterior, informó este martes el Buró de Estadísticas Laborales. La cifra quedó ligeramente por encima de lo previsto por el mercado y confirmó que la tendencia alcista de los últimos meses aún no cede.
La inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles de alimentos y energía, también aumentó. En abril avanzó 0.4% mensual y llegó al 2.8% interanual, dos décimas más que en marzo. Ese dato preocupa porque muestra que las presiones no se limitan solo a la gasolina o al petróleo.
La inflación en Estados Unidos vuelve a golpear a los consumidores
El aumento de la inflación en Estados Unidos está muy ligado al encarecimiento de la energía por la guerra en Irán y las tensiones en los mercados globales de petróleo. Según reportes económicos, la gasolina volvió a subir en abril y acumula un fuerte incremento frente al año anterior.
Para las familias, el impacto se siente de inmediato. Llenar el tanque cuesta más. También pesan los aumentos en vivienda, transporte y algunos alimentos. Cuando estos gastos básicos suben al mismo tiempo, los hogares tienen menos margen para ahorrar o consumir en otros rubros.
El dato llega en un momento delicado para la economía estadounidense. Durante meses, muchos analistas esperaban que la Reserva Federal pudiera avanzar hacia recortes de tasas de interés. Sin embargo, una inflación más alta reduce esa posibilidad, al menos en el corto plazo.
Energía, vivienda y tasas de interés
El informe del BLS señaló que los precios de la vivienda y la gasolina fueron parte importante del aumento mensual. La energía es especialmente sensible porque se transmite a otras áreas de la economía. Si transportar mercancías cuesta más, las empresas pueden trasladar parte de ese costo al consumidor.
Además, la inflación subyacente sigue por encima del objetivo de la Reserva Federal, que busca llevar el aumento de precios hacia el 2% anual. Mientras eso no ocurra, el banco central tiene menos espacio para relajar su política monetaria.
Esto significa que los consumidores podrían enfrentar por más tiempo tasas elevadas en tarjetas de crédito, préstamos de autos e hipotecas. También complica a pequeñas empresas que dependen de financiamiento para operar o expandirse.
Una presión económica con efecto político
La nueva cifra de inflación también aumenta la presión sobre el Gobierno del presidente Donald Trump. Los precios de la gasolina suelen tener un efecto político inmediato, porque son visibles y frecuentes para millones de conductores.
En un contexto de guerra y tensión energética, la Casa Blanca enfrenta un desafío doble: contener el impacto externo sin alimentar más incertidumbre en los mercados. Mientras tanto, los consumidores se concentran en una preocupación mucho más concreta: cuánto les alcanza el dinero.
Aunque el crecimiento económico aún muestra señales de resistencia, la inflación puede deteriorar rápidamente la confianza pública. Si los salarios no crecen al mismo ritmo que los precios, las familias pierden poder adquisitivo incluso cuando conservan su empleo.
Por ahora, el dato de abril confirma que la lucha contra la inflación no ha terminado. La inflación en Estados Unidos vuelve a moverse en la dirección equivocada, y el costo de la energía seguirá siendo una variable clave mientras continúe la guerra en Irán.
La pregunta ahora es cuánto durará esta presión. Si los precios del petróleo se estabilizan, el impacto podría moderarse en los próximos meses. Pero si el conflicto se prolonga y la energía sigue cara, los consumidores podrían enfrentar un verano de precios altos y menos alivio del esperado.