Juneteenth mira al pasado para defender la memoria
Juneteenth vuelve a colocar en el centro una pregunta esencial para Estados Unidos: quiénes forman parte de su historia fundacional y quiénes han sido dejados al margen. En Filadelfia, cuna simbólica de la independencia estadounidense, esa discusión adquiere una fuerza especial.
La ciudad donde se adoptó la Declaración de Independencia en 1776 y donde luego se firmó la Constitución también guarda las huellas de personas afroamericanas esclavizadas, libres, soldados, espías, guías, escritores y trabajadores que participaron en la construcción del país.
En la antigua residencia presidencial de George Washington, voluntarios han insistido en contar las historias de Moll, Christopher Sheels, Hercules, Richmond, Ona Judge, Austin, Giles, Paris y Joe, nueve personas esclavizadas que vivieron y trabajaron allí.
“No debemos dejar que se borre la historia”, dijo a EFE Heidi, una de las voluntarias que ofrece información a visitantes sobre ese legado.
Una exhibición en medio de la disputa
La controversia en torno a los paneles de la residencia presidencial refleja una tensión más amplia. Parte de los textos sobre la esclavitud fueron retirados por orden de la Administración de Donald Trump, en una medida rechazada por autoridades locales y defensores de la memoria histórica.
Una jueza federal había ordenado restaurar materiales históricos retirados en distintos sitios públicos, al considerar que el Gobierno no podía reescribir ni borrar la historia mediante cambios unilaterales. Sin embargo, una corte federal de apelaciones permitió este jueves que la Administración reemplazara la exhibición en Filadelfia.
El caso sigue siendo sensible porque la ciudad sostiene que esas historias no son un detalle secundario. Son parte de la identidad estadounidense.
“Si hablamos de patriotismo y de celebrar el nacimiento de nuestra nación, la historia de estas nueve personas esclavizadas que vivieron y trabajaron aquí merece ser recordada”, insistió Heidi.
La Revolución también fue afroamericana
En el Museo de la Revolución Estadounidense, la conversación se amplía. Adrienne Whaley, directora de Educación y Participación Comunitaria de la institución, explicó a EFE que antes de la guerra independentista vivían alrededor de 2,5 millones de personas en la Norteamérica británica. Cerca de 500.000 eran de ascendencia africana.
Ese dato cambia la forma de mirar la Revolución. No fue solo una historia de líderes blancos, documentos fundacionales y batallas militares. También fue una historia de hombres y mujeres afroamericanos que buscaron libertad en medio de una promesa política que todavía no los incluía plenamente.
Algunos lucharon junto al Ejército Patriota, a veces con la esperanza de obtener su libertad. Otros apoyaron a los británicos, también motivados por promesas de emancipación. En ambos casos, sus decisiones revelan una verdad incómoda: para muchas personas negras, la Revolución fue también una lucha personal por sobrevivir y liberarse.
“Sin esas historias, nuestra comprensión de la Revolución estaría incompleta”, advirtió Whaley.
Phyllis Wheatley y una firma poderosa
Entre los objetos destacados del museo está un libro de Phyllis Wheatley publicado en 1773. Fue el primer volumen de poesía de una mujer afroamericana.
Wheatley nació en África Occidental, fue llevada a Norteamérica en un barco de esclavos y comprada por una familia que le enseñó a leer y escribir. Su obra es hoy una prueba de talento, resistencia y autonomía en un mundo que intentaba negarle esas tres cosas.
Para Whaley, uno de los momentos más conmovedores es imaginar a Wheatley firmando su propio libro. Ese gesto, aparentemente simple, representaba una afirmación de existencia y fuerza personal.
Su historia conecta con el espíritu de Juneteenth: recordar que la libertad no fue entregada de una sola vez ni vivida igual por todos.
Una fecha para completar la promesa
Juneteenth se celebra cada 19 de junio y recuerda el día de 1865 en que personas esclavizadas en Texas recibieron la noticia de su libertad, más de dos años después de la Proclamación de Emancipación.
El expresidente Joe Biden lo convirtió en feriado federal en 2021, al reconocerlo como una fecha clave para recordar el fin legal de la esclavitud y la “mancha moral” que dejó en el país.
En Filadelfia, la conmemoración tiene un peso particular. La ciudad celebra la independencia, pero también carga con las contradicciones de una nación que habló de libertad mientras mantenía a cientos de miles de personas esclavizadas.
Por eso, Juneteenth no es solo una celebración. Es una advertencia contra el olvido.
Comprender el pasado, como dijo Whaley, es vital para avanzar hacia el futuro. Y en Filadelfia, esa tarea pasa por contar la historia completa: la heroica, la dolorosa, la incómoda y la que durante demasiado tiempo fue silenciada.