La pasta arrabbiata es una lección de contención. Nació en Roma y se quedó ahí, sin adornos ni ingredientes extra. Tomate, ajo, aceite de oliva y chile seco. Nada más. Su nombre viene del carácter picante de la salsa, pero su fuerza real está en el equilibrio. El picor no tapa, acompaña. El ajo no domina, sostiene. El tomate hace el resto.
Este plato pertenece a esa categoría rara de recetas que no admiten improvisaciones creativas sin perder identidad. No es una base para experimentar, es una declaración clara de cómo comer bien con poco. Se cocina rápido, se sirve caliente y se come sin distracciones.
Ingredientes
- 400 g de pasta corta, penne o rigatoni
- 3 cucharadas de aceite de oliva
- 3 dientes de ajo laminados
- 1 a 2 chiles secos, al gusto
- 400 g de tomate triturado
- Sal al gusto
- Perejil fresco picado, opcional
Preparación
- Cocina la pasta en abundante agua con sal hasta que esté al dente. Reserva una taza del agua de cocción antes de escurrir.
- Mientras tanto, calienta el aceite de oliva en una sartén amplia a fuego medio.
- Añade el ajo laminado y los chiles secos. Cocina con cuidado hasta que el ajo empiece a dorarse ligeramente.
- Incorpora el tomate triturado y una pizca de sal. Cocina a fuego medio durante 10 a 15 minutos, hasta que la salsa espese y pierda el sabor crudo.
- Añade la pasta a la sartén junto con un poco del agua de cocción. Mezcla bien para que la salsa se adhiera.
- Ajusta de sal y retira del fuego.
Consejos útiles
- Rompe los chiles antes de añadirlos para liberar mejor el picante.
- No quemes el ajo. Si se amarga, la salsa se arruina.
- El agua de cocción es clave para lograr una textura ligada, no seca.
- El queso no es tradicional en esta receta. Si decides usarlo, hazlo con moderación.
La pasta arrabbiata se sirve tal como sale de la sartén, sin pausas ni discursos. Es un plato que entiende el valor del fuego, del tiempo justo y de no decir más de lo necesario. A veces, eso es exactamente lo que uno quiere comer.










