Stephen Colbert se despidió este jueves de “The Late Show” después de 11 años al frente del programa nocturno de CBS, en una última emisión marcada por el humor, la nostalgia y las referencias a su polémica cancelación.
El episodio final tuvo como invitado principal a Paul McCartney y se extendió casi hasta la 1 de la madrugada del viernes. La noche recibió atención especial porque sus principales rivales, Jimmy Fallon y Jimmy Kimmel, emitieron programas antiguos para no competir directamente con la despedida.
Con el final del ciclo de Colbert también se cerró la historia de la franquicia “The Late Show”, que estuvo 33 años en CBS. El humorista llegó al programa en 2015 para sustituir a David Letterman y terminó convertido en uno de los presentadores más vistos de la televisión nocturna.
Una despedida con mensaje político
La cancelación del programa fue anunciada por CBS en julio de 2025. La cadena afirmó que se trataba de una decisión “puramente financiera” y que no estaba relacionada con el contenido del show ni con su línea editorial.
Sin embargo, el momento del anuncio alimentó las sospechas. Colbert había criticado con dureza al presidente Donald Trump y también cuestionó un acuerdo de Paramount, empresa matriz de CBS, para resolver una demanda presentada por el mandatario contra la cadena.
Colbert llegó a describir ese acuerdo como un “soborno grande y gordo”, una frase que volvió a ponerse bajo la lupa tras la cancelación.
Trump negó cualquier responsabilidad en la salida del presentador. También afirmó que el programa era demasiado costoso y atacó el talento de Colbert. Además, insinuó que otros conductores de la noche, como Kimmel y Fallon, podrían ser los siguientes en caer.
El agujero negro como metáfora
El programa final recurrió a una imagen clara: un agujero negro que simbolizaba el final del show y que terminaba absorbiéndolo todo.
El astrofísico Neil DeGrasse Tyson apareció en un cameo para explicar la contradicción que, según el guion, había creado ese agujero negro: que un programa fuera número uno en audiencia y aun así fuera cancelado.
La broma funcionó como comentario sobre el estado actual de la televisión nocturna. También dejó una pregunta en el aire: si un programa exitoso puede desaparecer, ¿qué tan seguros están los demás?
Colbert estuvo acompañado en sus últimos días por numerosas figuras del entretenimiento. Bruce Springsteen lo describió como el primer presentador estadounidense que perdió su programa porque el presidente “no soporta una broma”.
Paul McCartney apagó la luz
La noche tuvo un cierre emocional con Paul McCartney. El exintegrante de The Beatles regaló a Colbert una fotografía del grupo tomada en el mismo teatro Ed Sullivan durante los años 60.
Después, McCartney cantó “Hello, Goodbye” junto a la banda y el público. La elección fue perfecta para una despedida: mitad saludo, mitad cierre.
El músico también fue el encargado simbólico de “apagar” el programa, accionando una palanca al final de la emisión.
En el teatro Ed Sullivan, el público vivió la despedida con camisetas, gorras y gestos de emoción. La marquesina iluminada de Broadway marcó el cierre de una etapa televisiva importante.
El fin de una era del late night
Colbert deja CBS después de una larga carrera en la sátira política. Antes de “The Late Show”, se hizo conocido en “The Daily Show” y luego en “The Colbert Report”, donde interpretaba a un personaje conservador que parodiaba a los comentaristas de derecha.
Su llegada a CBS lo llevó a una audiencia más amplia. Pero fue durante los años de Trump cuando su perfil político se volvió todavía más fuerte.
En su despedida, Colbert reunió a otros nombres clave del late night, incluidos Jimmy Kimmel, Jimmy Fallon, Seth Meyers y John Oliver. La aparición conjunta funcionó como homenaje, pero también como advertencia sobre el futuro del género.
Kimmel fue uno de los más duros. Denunció la salida de Colbert y pidió al público no volver a ver CBS.
Con su último programa, Stephen Colbert no solo cerró una etapa personal. También dejó una señal sobre el clima actual de la televisión en Estados Unidos, donde el humor político sigue teniendo audiencia, pero también enfrenta presiones cada vez más visibles.
La despedida fue agridulce. Hubo risas, música y nostalgia. Pero también quedó una sensación clara: Colbert se fue del aire, pero no se fue en silencio.










