El MoMA PS1 abre su temporada de verano con Greater New York 2026, una exposición que intenta capturar algo que Nueva York rara vez deja quieto, su identidad.
En su sexta edición y coincidiendo con el 50 aniversario del centro, la muestra reúne a 53 artistas y colectivos que exploran cómo se construyen las comunidades en una ciudad marcada por cambios constantes.
La curadora Elena Ketelsen González lo resume sin rodeos. Es un termómetro social.
Una ciudad sin una sola definición
Las obras no buscan una respuesta única. En cambio, se mueven entre escenas cotidianas, desde el ruido de las avenidas hasta la vida silenciosa de pequeños negocios de barrio.
La exposición se construye a partir de lo que los neoyorquinos ven y sienten, más que de una idea fija de lo que debería ser la ciudad.
Ese enfoque se nota en piezas como los carteles pintados a mano de los Cevallos Brothers, artistas ecuatorianos que llevan décadas formando parte del paisaje visual de barrios como Jackson Heights.
Aquí, el arte no está en una galería. Está en la calle.
Migración, identidad y conexiones
Otro de los ejes es la experiencia migrante. La artista venezolana María Elena Pombo presenta una instalación construida con agua recolectada en distintos puntos del mundo.
El resultado funciona como una red simbólica que conecta territorios, historias y desplazamientos.
En paralelo, otras obras reflejan una realidad más tensa. Comunidades que antes encontraban refugio en espacios cotidianos ahora enfrentan incertidumbre ante posibles redadas migratorias.
Gentrificación y fragilidad urbana
La exposición también aborda el impacto de la gentrificación y el aumento de precios, que han transformado barrios enteros en poco tiempo.
El colectivo Red Canary Song lo hace a través de una instalación que recrea un spa asiático, un espacio que cuestiona estigmas y visibiliza la precariedad de mujeres migrantes.
La ciudad aparece aquí como un lugar en constante presión, donde lo cotidiano puede desaparecer de un día para otro.
Un recorrido que se siente como la ciudad
El propio edificio del MoMA PS1, una antigua escuela del siglo XIX, refuerza la experiencia. El visitante recorre aulas, pasillos y espacios abiertos como si transitara por una ciudad fragmentada.
Entre las piezas destaca también el trabajo del peruano estadounidense Piero Penizzotto, que construye una galería de personajes urbanos que parecen sacados de cualquier esquina de Nueva York.
Personas que uno reconoce sin saber exactamente por qué.
Más que una exposición
Para Ketelsen, la muestra funciona como un archivo vivo. No busca cerrar una idea de Nueva York, sino mostrar cómo evoluciona.
Por eso conviven artistas jóvenes con otros de décadas de trayectoria.
Porque la ciudad tampoco es una sola.
Y probablemente nunca lo será.