El sonido lo dice todo. Cuando el cuchillo rompe la capa dorada y crujiente, sabes que salió bien. El pollo a la milanesa no necesita salsa complicada ni ingredientes raros. Necesita un buen empanizado y aceite a la temperatura correcta.
Es una receta que viajó desde Italia y se instaló en América Latina con naturalidad. En cada país cambió un poco, pero la base sigue intacta: filetes finos, huevo, pan rallado y fritura rápida.
Funciona en almuerzos familiares, en cenas rápidas o incluso en un sándwich improvisado al día siguiente.
Ingredientes
- 4 filetes de pechuga de pollo
- Sal al gusto
- Pimienta negra al gusto
- 2 huevos
- 1 taza de harina
- 1 ½ tazas de pan rallado
- ½ taza de queso rallado opcional
- Aceite para freír
Preparación
- Aplana ligeramente los filetes si están gruesos. Deben tener un grosor uniforme.
- Sazona el pollo con sal y pimienta.
- Pasa cada filete por harina, sacudiendo el exceso.
- Sumérgelo en huevo batido.
- Cubre con pan rallado presionando para que se adhiera bien. Si usas queso rallado, mézclalo con el pan antes.
- Calienta suficiente aceite en una sartén amplia.
- Fríe el pollo a fuego medio hasta que esté dorado por ambos lados y completamente cocido por dentro.
- Coloca sobre papel absorbente antes de servir.
Para que quede perfecta
- No frías a fuego demasiado alto; se quema por fuera y queda crudo por dentro.
- Si quieres más crocancia, repite el paso de huevo y pan rallado.
- También puedes hornearla a 200 °C con un poco de aceite por encima si prefieres una versión más ligera.
El pollo a la milanesa se sirve recién hecho. Con unas gotas de limón por encima y una ensalada fresca al lado, no necesita nada más.










